La Rueda del Año es el calendario anual que siguen diversas tradiciones paganas (como la Wicca). Representa el paso del tiempo en la naturaleza visto como un ciclo continuo, vida, muerte y renacimiento de la naturaleza. Se divide en ocho festividades llamadas Sabbats, que marcan momentos astronómicos clave:
4 Sabbats Mayores: basados en antiguos festivales celtas (Imbolc, Beltane, Lughnasadh y Samhain).
4 Sabbats Menores: coinciden con los equinoccios y solsticios (Ostara, Litha, Mabón y Yule).

La fertilidad de la Tierra, con sus cambios estacionales marcados por la posición del SoL y el ritmo de las cosechas influían en la vida de nuestros ancestros.
Los ciclos de la Tierra están vinculados al ser humano, igualmente los seres humanos también somos cíclicos y alternamos periodos de abundancia, expasión y creatividad con ciclos de reflexión, recogimiento y reposo. En el caso de la mujer tenemos además el ciclo ovulatorio-menstrual. Nuestra vida, al igual que la de la Naturaleza, se mueve por periodos de sombras, periodos de luz y periodos de equilibrio.
Nacimiento, crecimiento, declinación, muerte y vuelta a empezar una y otra vez, al son de las estaciones, el SoL, las cosechas, las lunas, las estrellas y los relámpagos.
IMBOLC es una festividad relacionada con la fertilidad de la Tierra.
En lengua irlandesa Imbolc significa «en el ombligo», refiriéndose a la gestación y lactancia de los corderos, que casualmente sucede en estas echas.
Imbolc es la fiesta de la luz reflejada en los días cada vez más largos, ya se percibe más luz cada día, se sale de las nieves y del frío, empieza a sentirse más calor en la tierra, y esto trae consigo la esperanza, la primavera está cerca y va a llegar el tiempo de la nueva siembra y cosecha. Este ciclo es una nueva oportunidad para un futuro abundante (por eso decimos que son celebraciones de origen agrícola en torno a la cosecha y la abundancia).
Es un tiempo de esperanza, de inspiración y de gran transformación, en tiempos antiguos se preparaban para afrontar el fin del invierno (donde ya el alimento guardado es más escaso) y recibir a la primavera (preparar la tierra para la nueva siembre y futura cosecha).
Imbolc es la fiesta intermedia entre el solsticio de invierno y el equinoccio de primavera. Es un sabbat mayor que nos invita a salir de la cueva con la llegada De la Luz.
La Diosa Brigid está vinculada a esta festividad.
Brigid es una triple diosa céltica que representa los 3 aspectos de la mujer: la joven virgen, la madre amorosa y la anciana sabia. Era reconocida como diosa dadora de vida, protectora del fuego y del hogar, de la sanación, la poesía y la creatividad. Se le asocia al renacer de la primavera y al fuego tanto por su poder de purificación como por su poder destructivo.

En estos días se construye la Cruz de Brigid símbolo de protección celta hecho con heno, mimbre, cuerdas o madera y que se coloca las entradas de la casa para protegerlas. La noche de Imbolc se deja afuera para que Brigid lo bendiga a su paso y durante el año proteja y cuide a la casa, a la familia y a las cosechas .
La transición de Brigid de diosa a santa.
Con la llegada del cristianismo a Irlanda, la figura de Brigid fue cristianizada y se convirtió en Santa Brígida de Kildare. A pesar de esta transformación, muchos de sus atributos y símbolos paganos fueron conservados. La transformación de Brigid de diosa celta a santa cristiana es un testimonio de su profundo poder e importancia, y refleja cómo el cristianismo absorbió las antiguas deidades paganas como forma de arraigarse sin romper del todo con las creencias del pueblo.
El Portal de las Semillas.
Imbolc, el instante en que, aunque la tierra sigue fría y aparentemente dormida, algo empieza a moverse bajo la superficie.
En la Rueda del Año nuestros ancestros daban la bienvenida a la Primavera con Imbolc, sábat mayor y con Ostara que es sabbat menor (coincide con el equinoccio) Aún hay días fríos por delante y ya veían las primeras flores de los almendros, como los osos se desperezaban de su hibernación y las lobas aullaban al entrar en celo.
Entorno a estas fechas de febrero, en la Europa actual tenemos muchas celebraciones que tienen su origen en tradiciones/festividades antiguas que giraban en torno a al momento que vive la ciclicidad de la tierra y que, de una u otra manera fueron reinterpretadas, asimiladas o absorbidas por la «cultura imperante».
En las culturas antiguas europeas, Imbolc estaba profundamente ligado a los rituales de fertilidad de la tierra y al despertar de las semillas. Como ya hemos comentado era el tiempo en el que se intuía que la luz comenzaba a ganar terreno a la oscuridad. Los días se alargaban poco a poco y el SoL, aún tímido, empezaba a calentar lo suficiente como para activar la vida escondida bajo la tierra helada.
En el mundo romano, este pulso de la naturaleza se celebraba el 15 de febrero con las Lupercales, fiestas dedicadas al dios Fauno, una deidad vinculada a la fertilidad, lo salvaje y la fuerza vital de la naturaleza. Durante estas celebraciones se realizaban rituales de purificación y fecundidad, tanto de los campos como de las personas, para asegurar abundancia y buenas cosechas.
Algo muy parecido sucede con los carnavales, que en su origen nada tenían de festivo superficial. Las personas se disfrazaban de animales o bestias, encarnando las fuerzas instintivas y salvajes de la tierra. No era un simple juego: era una forma de secundar a la naturaleza, de acompañar simbólicamente ese impulso fértil que necesitaba la tierra para despertar y dar fruto en los meses siguientes.
Con la llegada del cristianismo, muchas de estas fiestas fueron transformadas, pero no eliminadas. Imbolc pasó a convertirse en la Candelaria, celebrada el 2 de febrero, es una fiesta de luz y purificación con la que se encienden hogueras y velas para iluminar los caminos, como símbolo del fuego interno que comienza a avivarse. Se vincula a la presentación de Jesús en el templo y al símbolo de la luz que llega al mundo. La llama de las velas sustituyó al fuego ritual, pero el mensaje profundo seguía siendo el mismo: la luz vence a la oscuridad.
En esas mismas fechas aparecen también celebraciones como San Blas (3 de febrero) o Santa Águeda (5 de febrero) que conservan en su raíz antiguos cultos a la protección, la salud y la fertilidad. Son capas superpuestas de una misma verdad ancestral.
En el País Vasco, la víspera de Santa Águeda es una celebración muy especialg donde rupos de personas recorren las calles o van de baserri en baserri (casa tradicional vasca) cantando haciendo uso de la makila, una vara con la que se marca el ritmo de la canciones al golpear con ella tierra. Este antiguo gesto es un llamado al despertar de la tierra y las semillas para que se preparen para la llegada de la primavera. Un eco de tiempos antiguos en los que sabíamos que la tierra tiene su propio ritmo, y que con nuestra voz y nuestro movimiento podemos acompañarlo.
Es interesante hacer también aquí una apreciación, pues antiguamente estos cantos eran realizados únicamente por hombres, y a su vez, las varas se empleaban en las labores agrícolas para abrir agujeros en la tierra donde poner las semillas al cultivar los campos, esas varas como símbolo fálico que penetra en la Tierra para ser fecundada y que luego entregará sus frutos (rituales de fertilidad).
Son tan simbólicas estas festividades y sus rituales, que bien merecen ser rescatadas y comprendidas dentro de un contexto para poder conectar con su verdadero sentido y permitirnos conectar con estos ciclos de la naturaleza y de la vida.
Todas estas celebraciones, paganas o cristianizadas, nacen de la misma observación: la vida vuelve.
El SoL empieza a imponerse al reino de la noche, y aunque aún no lo veamos en la superficie, las semillas ya están despertando bajo la tierra. Es el retorno de las energías fértiles de la tierra y de la luz y el anuncio de que se acerca el comienzo de los trabajos agrícolas.
Imbolc nos recuerda que la abundancia no empieza cuando brota la planta, sino mucho antes, en el silencio oscuro, húmedo y fértil del interior de la tierra… y también de nosotras.
Ciclicidad femenina, arquetipos y su relación con Imbolc
Los ciclos de la Tierra y los ciclos del ser humano están profundamente relacionados. Al igual que la naturaleza atraviesa periodos de reposo, activación, expansión y declive, las mujeres vivimos nuestra propia ciclicidad a través del ciclo ovulatorio-menstrual.
Imbolc, como momento de transición entre el invierno y la primavera, encuentra un paralelismo muy claro en una fase concreta del ciclo ovulatorio-menstrual femenino.
Desde una mirada cíclica, Imbolc representa el instante en el que todavía estamos en invierno, es decir, en menstruación o final del sangrado, pero ya comenzamos a sentir una ligera subida de energía. A nivel hormonal, este cambio viene dado por el aumento progresivo de los estrógenos, que preparan al cuerpo para la fase folicular y la futura ovulación.
Aunque aún no hemos entrado en la energía expansiva propia de la primavera, el cuerpo empieza a activarse. La energía deja de estar completamente hacia dentro y comienza, poco a poco, a orientarse hacia la acción.
Si hablamos en términos de arquetipos femeninos, Imbolc no corresponde todavía a la Doncella, arquetipo que se manifiesta con mayor claridad en Ostara, cuando la energía es más activa, mental y expansiva. Sin embargo, sí podemos decir que Imbolc contiene la energía inicial de la Doncella, en un estado más sutil y embrionario.
Por ello, podemos asociar Imbolc con el arquetipo de la Niña: una energía curiosa, incipiente, sensible, que empieza a despertar tras el recogimiento del invierno. No es aún el momento de grandes decisiones ni de acción sostenida, sino de escucha del cuerpo, observación interna y preparación.
Al igual que las semillas bajo la tierra comienzan a activarse sin ser visibles, en esta fase del ciclo femenino empiezan a gestarse ideas, deseos e impulsos que más adelante podrán tomar forma. Es un tiempo de transición, de reorganización interna y de recuperación progresiva de la vitalidad.
Imbolc nos invita, también a nivel personal, a respetar este ritmo: no forzar la salida al exterior antes de tiempo, permitir que la energía se asiente y acompañar conscientemente este despertar. La fertilidad, tanto de la tierra como del cuerpo, no comienza en la acción visible, sino en este momento previo de activación silenciosa.
Desde esta mirada, Imbolc es un portal que nos recuerda que los comienzos reales son sutiles, y que honrar nuestra ciclicidad implica reconocer estos tiempos intermedios, donde el cuerpo ya sabe que algo nuevo se está gestando, aunque todavía no sea el momento de manifestarlo.
Imbolc marca el inicio de un nuevo ciclo de posibilidades: el momento de preparar la tierra, sembrar con conciencia y confiar en que aquello que hoy comienza a gestarse, será la cosecha y la abundancia futura.
Para que esto no quede en un escrito más e integres este nuevo ciclo en ti te propongo un pequeño ejercicio de reflexión. y observes qué está despertando en tu interior hoy. Tómate un instante, respira y permítete responder (por escrito o mentalmente) a las siguientes preguntas:
¿Qué llama necesita avivarse en ti?
Brigid viene a iluminar…
Mi fuego interno danza como las candelas de Imbolc cuándo…
¿Qué semilla está lista para despertar y brotar en este nuevo ciclo?
Como la tierra que bajo la nieve comienza a latir, nosotras también necesitamos preparar el terreno para lo que está por nacer. En este tiempo de Imbolc, donde el fuego de Brighid calienta el suelo, te invito a que no solo sueñes con tus metas, sino que prepares la tierra para que puedan sostenerse.
Un proyecto, un propósito o un cambio de vida no son distintos a una planta: necesitan un terreno limpio y nutrido. Cuando habitas un cuerpo vibrante y tu energía circula sin bloqueos, tus objetivos no se fuerzan; simplemente, germinan.
Para acompañar este tránsito, he creado el pack especial: EL DESPERTAR DE LA SEMILLA.
Un puente de sanación donde unimos:
La Masterclass de Vaporizaciones Vaginales: (Acceso inmediato) Para calentar tu útero y limpiar, suavizar y purificar tu canal, dejando el terreno listo.
Senda Útera: 21 días de conexión: Un viaje de 21 días para conectar con tu centro de poder y tu ciclicidad, con acompañamiento diario vía WhatsApp que iniciaremos juntas con la próxima Luna Nueva en 17 de febrero.
Habita tu cuerpo con mayor consciencia, respeto y coherencia, cuidar tu útero es cuidar el caldero donde cocinas tu vida, no olvides encender tu fuego interno.
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Imbolc nos recuerda que todo comienzo necesita presencia, escucha y cuidado. Acompañar este momento del año desde el cuerpo puede ser el primer paso para un ciclo más consciente, fértil y alineado con lo que realmente deseas sembrar en tu vida.
FeLiz nuevo cicLo, JuaNa